martes, 10 de junio de 2008

Mi Comunidad


Quiero compartir con vosotros este texto, reproducción íntegra y exacta del que esta semana apareció en mi portal junto al ascensor y que además tuvieron la gentileza de repartir por debajo de la puerta de todos los pisos. A esto hay que añadir que está impreso en un papel con el membrete de Abcdario Jurídico S.L. Pienso que el escrito habla por sí mismo y he omitido todos mis comentarios y los de Bph.


Normas de convivencias en la Comunidad

Queda prohibido desarrollar actividades que produzcan ruidos y molestias a los vecinos desde las 24:00 de la noche hasta las 8 de la mañana. Igualmente desde las 15:00 a las 17:30 horas, por cuantos dichos horarios se destinan al descanso de los habitantes de la Comunidad.

Los propietarios y ocupantes de las edificaciones procurarán que no se altere la vida tranquila de las mismas con voces, cantares o ruidos molestos. Las máquinas, aparatos de radio y televisión, los de limpieza etc., deberán regularse en su intensidad a fin de que el ruido no trascienda del ámbito del propietario piso o local que se utilice, y si ello resultare imposible por sus características, se utilizarán en horas que no sean las habitualmente dedicadas al descanso. Se procurará que los niños jueguen en las zonas destinadas a esparcimiento.

Los propietarios que tengan en la Comunidad perros deberán sujetarse a las siguientes normal, además de las reglas dictadas por la Autoridad competente:
  1. Los perros deberán ir siempre atados y con bozal, esto es, que bajo ningún concepto deberán ir sueltos por los recintos de la Comunidad.

  2. Se evitará totalmente que estos perros hagan sus funciones fisiológicas en patios comunes, azoteas y otras zonas comunes de la Comunidad.

  3. Que los perros deberán estar provistos de la correspondiente documentación sanitaria.

  4. El propietario deberá evitar que se produzcan ladridos durante las horas de descanso establecido en el artículo 15 de este Reglamento.
El Presidente o La Junta Propietarios, además de imponer las sanciones que correspondan por incumplimiento de estas normas, avisará a los servicios municipales para la recogida de perros que no reúnan los requisitos mencionados.

Y que conste que a mí también me gustan el silencio y la limpieza.

domingo, 8 de junio de 2008

Yo soy Bea: La Transformación



Por fin ha llegado el momento más esperado de la historia de la televisión. Hoy, a las 22:30, Bea la fea se va a transformar en............ otra cosa. (¡Ya he visto en la portada del Cuore las fotos de la boda y todo!)
¡Que nadie se lo pierda!

martes, 3 de junio de 2008

De los lectores


Tras la clamorosa acogida de mi última entrada, he pasado varios días reflexionado. ¿Es que sólo ha sido leído por Error? ¿Por qué sólo se manifiestan lejanos admiradores ultramarinos? Finalmente he llegado a la conclusión de que el texto no está a la altura de las mentes privilegiadas de los lectores de este blog. ¿Cómo se me ocurre pensar que vuestra cabeza y vuestro cuerpo no estén conectados? ¿Cómo se me ocurre hablar de inodoros? Es más, ¿cómo me atrevo a asustaros ahogando a un Premio Nobel que bien podría ser alguno de vosotros?

Porque está claro que sois gente de mundo y conocimientos y que este tipo de cosas no os pasan. Seguro que nunca os perderíais en la Estación de Delicias (Zaragoza) y que encontraríais las taquillas de autobús a la primera. Ni nunca habéis cogido un tren, metro o autobús en sentido contrario. En Suecia dominaríais todos los medios de transporte con sus múltiples tarifas reducidas y descuentos especiales en menos de tres días. Sois capaces de moveros en cualquier aeropuerto con destreza y eficiencia, con y sin gafas, y nunca habéis escuchado vuestro nombre seguido de “please proceed urgently to gate number 45”. Tampoco habéis perdido la tarjeta de embarque ni el billete del AVE ni habéis llegado al aeropuerto sin ningún documento identificativo.
Nunca os habéis mareado, ni quemado a lo alemán por el sol, ni sufrido una pequeña diarrea por el cambio de agua. Nunca os habéis tapado con un cubrecolchón báltico. Vuestro grado de adaptación al medio que os rodea es tal que nunca os habéis escaldado intentando averiguar cómo funciona la exótica ducha de ese país extranjero.
¡Incluso sois capaces de comer un Kebab sin pringaros!

Y por supuesto sabéis idiomas. Después de ver un tráiler de próximas películas nunca diríais que queréis ver “Coming soon”. Y cuando vais al Corte Inglés y probáis todas las colonias no decidís que “Tester” es la que mejor huele. Ni siquiera pensáis que “Werbung” es el mejor programa de la RTL.

Puesto que creo haber demostrado sois gente instruida, en caso de que algún día erréis, será a la manera de la muy latina Lbp. Un día salió de tiendas a comprar una camiseta de la talla 34, porque quería algo que le quedara flojo. Vio una que le gustaba y la cogió. Para su sorpresa, en lugar de tener la talla en números, venía en letras. Nada menos que la L. “Muy grande”, pensó. Cogió la de al lado y leyó XL. Como si de Julio César se tratara razonó: “Esta es más pequeña, pero aún no es suficiente” Así que cogió la XXL, veinte tallas más pequeña. Porque una vida dedicada a la Historia, no puede pasar en vano.

En resumen, hago propósito de enmienda y a partir de ahora sólo hablaré de temas trascendentales. Ahí lanzo el primero: para esaque estará interesada en la caracteriopatía de los personajes de la última película de Claude Chabrol, que fui a ver al cine el otro día, por supuesto en versión original.

martes, 20 de mayo de 2008

cabeza/cuerpo




Queridos lectores: Lamento profundamente esta larga ausencia. Prometo hacer propósito de enmienda y hablar con vosotros más a menudo.

Hoy quiero comunicar al mundo que día a día voy recopilando méritos para parecerme más a Santa Orosia. Para aquellos que no lo sepáis, esta Santa y Mártir, también Virgen, tuvo el infortunio de ser decapitada. Su triste historia será objeto de otro texto más adelante. De momento sólo decir que yo, si no he conseguido aún separar totalmente mi cabeza de mi cuerpo, estoy logrando un estado de desconexión por lo menos admirable. Los tiempos de tirar los cubiertos a la basura y meter la grapadora en la nevera quedaron atrás y me muevo en unos niveles muy superiores, casi diría que de caótica perfección.

De entre todas mis hazañas hoy voy a relatar dos, ambas relacionada con el váter. Este año la cisterna me ha dado varios disgustos y he tenido que acosar durante semanas a los fontaneros sevillanos hasta que por fin uno de ellos se dignó a venir a robarme. Pasé dos meses de tranquilidad hasta que la cosa empezó a fallar de nuevo: el tirador se iba soltando poco a poco, cada vez más flojo hasta tener que levantar un poco la tapa para poder descargar el agua. Y un día de fuerza y energía, tiré con tanto ímpetu que el asidero salió de su agujero junto con el palo que le acompaña, mi mano lo soltó y cayó al váter, de donde salió por el desagüe arrastrado por la corriente. Pues sí, esto que acabo de relatar no sólo es verídico sino que además, es cierto.

En el día de hoy otro suceso me inspiró para dedicaros estas letras. A las 8:45 llegué cansada y sudorosa de mi clase de flamenco, plataforma genial donde demostrar mi desconexión. Torpe pero limpia, decidí ducharme. Me desvestí y con gran puntería, desde lo lejos tiré mi camiseta al váter en vez de a la bolsa de ropa sucia que tengo a su lado. Sí, en esta ocasión fue puntería, porque allí es donde quería tirarla. ¡Qué disgusto! Y ¿adivináis quién aparece retratado en la camiseta? El ilustre Premio Nobel valdesano Severo Ochoa. ¡Sí! “Mea culpa”. He tirado un Premio Nobel por el retrete.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Lo barato sale caro

Todos conocemos el razonamiento maternal: "Hoy he comprado cincuenta latas de bonito de oferta, ¡he ahorrado una barbaridad!" Mi pregunta es ¿cuántas latas hay que comprar para que llegue a notarse una mejoría en la economía familiar? Albergo muchas dudas al respecto, porque puede ser que tener las estanterías llenas de latas de bonito incite a un mayor consumo del mismo, en todo tipo de ensaladas y platos de pasta y, al final, el resultado sea inversamente proporcional al deseado.
(Ya me veía acabando con las existencias de bonito Albo de un Mercadona de Sevilla, que está mucho más barato que en el Alimerka de Oviedo...)
Este mismo principio básico lo aplicó Orosia el año pasado al elegir el vestido que llevaría a cuatro bodas. Feliz casualidad que fueran todos en sitios diferentes y con invitados no-coincidentes, aunque con esto del divorcio exprés, ¿podría dar tiempo a ir a dos bodas de la misma persona en el mismo año?
En fin, el caso es que Orosia echó cuentas sumando la diferencia de precio de los posibles vestidos, el chal, zapatos, bolso, peluquería y regalos, y llegó a la conclusión de que cuantas más veces se pusiera el vestido más caro, mayor sería el ahorro. ¡Y vaya lo que ahorró! Lo suficiente para regalarle un María Moliner a su hermana pequeña favorita, que a partir de ahora podrá elegir entre consultar la rae.es o preguntarle las dudas a María, y así se seguirá esforzando para ser la más pedante.
El Más Difícil Todavía es amortizar un abrigo de visón, sobre todo si hay que ir a comprarlo a Gianni's Fur (remítanse a la entrada "Ring ring"). ¿Cuántas abrigos tendríamos que comprar para que el billete de avión y la estancia en NY nos salgan rentables? Los factores a tener en cuenta en este caso son mucho más complicados que para las latas de bonito: el precio del petróleo que se dejará notar en el del billete de avión, estrellas y situación del hotel, transportes varios y comidas, y lo más importante: ¿cuántas veces nos lo vamos a poner?
Supongamos que ya hemos hecho números, nos hemos paseado por la gran manzana y estamos de vuelta con un abrigo de excelente calidad. En realidad, sólo con un abrigo es imposible amortizar el viaje, pero el presupuesto era limitado... ¿Y ahora qué?
Para aproximarnos al problema con más realismo vamos a inspirarnos en Eva Wilt, suponiendo que es española y vive en Oviedo. Eva quiere lucir su abrigo en la ópera, los conciertos del auditorio, todos los días que haga frío y, por supuesto, en una ocasión muy especial: Los Premios Príncipe de Asturias.
Eva va a acudir con ilusión a la recepción que se celebra anualmente en el Hotel de La Reconquista, tiene preparado su vestido nuevo, zapatos y bolso, perfectamente conjuntados con el abrigo. Justo antes de empezar a prepararse comprueba la temperatura en su estación meteorológica. ¡Maldición! ¡El veranín de San Miguel! 20º en pleno mes de octubre. ¿Qué puede hacer? Llevar sólo el vestido no es apropiado y con las dos cosas va a pasar demasiado calor, ¡no puede saludar al Príncipe con la mano sudorosa! El tiempo se le está echando encima, si no se decide pronto no va a haber ni recepción ni saludo Real para ella.
En un momento de clarividencia se pone el abrigo encima de la ropa interior y sale de casa con paso decidido. Si no se lo quita en toda la velada, no habrá problema. ¿Habrá guardarropa a la entrada? ¿Qué dirá si le ofrecen dejarlo ahí mismo? Dirá que está destemplada, es un argumento médico que nadie puede rebatir.
Pero qué pasa si los nervios le juegan una mala pasada, empieza a sudar y es el Príncipe quien le dice, campechano como su padre: “Señora, parece usted acalorada, ¿no prefiere quitarse el abrigo?” ¿Quién es capaz de decirle que no a un príncipe? Eva, consciente de lo que se avecina, sonríe a medias y se lo cede, dejando al descubierto su cuasi-desnudez. “¡Dios mío!” exclama el Príncipe. La Princesa, lívida y ojiplática sufre un desvanecimiento mientras los guardaespaldas se abalanzan sobre la pobre Eva, protegiendo al Príncipe de este nuevo terrorismo sexual. “¡Señora!, ¡esa celulitis es una atentado contra La Corona!” gritan los guardaespaldas. “Y contra la humanidad...” susurra el Príncipe, más acostumbrado a mantener la compostura en este tipo de situaciones.
Qué escándalo en la sociedad ovetense, justo el día que todas las cadenas nacionales están retransmitiendo en directo. Pobre Eva, que nunca más será invitada a las partidas de brigde.
A la puerta del Hotel de La Reconquista, Eva da media vuelta y vuelve a su casa, pensando en su chaquetita de punto inglés.
Realmente, lo barato sale caro.

martes, 22 de abril de 2008

Que corra la sangre...


Disculpen la ausencia y el título poco sutil. Es que estaba celebrando. Prácticamente todos los que pasáis por aquí ya sabéis a qué viene esto.
Por fin he cumplido una de mis misiones vitales, de las que hablaba cuando empecé este blog, y en un mes seré el último mono del servicio de hematología en el H.U.C.A.
Podéis estar tranquilos, no pienso haceros partícipes de las aventuras y desventuras de Error en el hospital, aunque seguro que haré honor a mi nombre más de una vez. Muchas más.

jueves, 3 de abril de 2008

Escena costumbrista

Escribía un día ykar13 en su fotolog sobre disfrutar de las cosas cotidianas y en ella pensó Error ayer, cuando consiguió poner en marcha la segadora.
Entre las múltiples virtudes de Error destacaba una: su habilidad para estropear cualquier aparato electrónico o a motor que tocaba. Que ni el coche arrancaba a la primera, que si no le decías que ibas pa Luarca, nada, que ése era el único camino que conocía bien. Y Error le mimaba, le decía que lo iba a lavar, y el Zx nada, que eso ya tampoco se lo creía, que menos mal que era gris y disimulaba.
Pero con la segadora se había superado. Cada vez que la tocaba conseguía desenganchar el cable de arranque y había que volver a ponerlo en su sitio manualmente, con paciencia y ayuda de un lápiz o un tenedor.
Error se defendía: "si de verdad que no he hecho nada, sólo tiré para arrancar." Y el homecón examinaba intrigado el desperfecto: "¿Cómo se las arreglará esta chica, si ni fuerza tiene?"
Ayer fue diferente. Error recogía la hierba de la cesta y miraba la esquina del prao que aún quedaba por segar, a ver si le salían rayos de los ojos y se quemaba. Por curiosidad, con mucho cuidado, tiró del maldito cable, para ver el recorrido que hacía e intentar entender qué fallaba. Y la segadora soltó un suave bbbrrrr.
"¿Será posible? ¿La podrá encender?" Error echó un vistazo alrededor, a ver si los vecinos miraban y se acordó de Pepe Viyuela. Como no había moros en la costa, volvió a intentarlo. Un tirón un poco más fuerte y BBBRRROOOOMMMM, ¡segadora en marcha!
Henchida de orgullo (como dicen aquí: no-y cabía una faba en culo) marcha a segar la esquina, con la sonrisa en la cara, y es entonces cuando se acuerda de su amiga ykar13: "Esto tengo que contarlo, ¡menuda hazaña!"
El homecón se ríe, pero se ve que está orgulloso: "A ver si esta moza se hace autosuficiente."
Un rato después Error admira la obra desde la ventana y, como dicen allí, exclama: "¡Otra cosica es!", y le da un largo trago a la cerveza del homecón, que ya está acostumbrado, que a Error todo le sabe mejor si lo coge de su plato.