Me encanta este tema. ¡Hay tanto que decir! Tengo una lista interminable de anécdotas que afortunadamente para vosotros no voy a referir.
Además, con los años aparecen nuevos medios de comunicación al servicio del ataque de las empresas. Cuando encuentras colapsado el correo electrónico por nuevas hipotecas, viajes chollo, cursos online, amazone y viagra. Gracias filtros, marcar spam, junk mail. Cuando te salen ventanas indeseables e imposibles de cerrar. Cuando esperas emocionada un mensaje al móvil de ese feo del sábado y suena y te emocionas y lees: “Vodafone info:” Cuando te llega un mensaje al móvil que dice: “Alguien está pensando en ti”, llama al 5555. Cuando te anuncian que has sido seleccionado para ganar un viaje al Caribe, llama al 6666.
Y eso sí que es suerte: ser seleccionado para algo. Recuerdo la alegría que manifestó el inefable JmB en una ocasión en que fue seleccionado y premiado por el Corte Inglés. En aquella ocasión usaron un método tradicional de comunicación, el teléfono. Una amable señorita escuchó (¿añadiría estupefacta?) los gritos de felicidad con que la noticia fue acogida: “¡Qué bien! ¡Qué alegría! ¡Estoy contentísimo! ¡Qué suerte tengo! Pero qué suerte. No me lo puedo creer. Que el Corte Inglés me ha seleccionado entre todos sus clientes para ofrecerme una tarjeta. ¡Soy el hombre más afortunado del mundo!” Sinceramente, no es para menos.
No obstante, y pese al feroz bombardeo al que estamos sometidos, he de romper una lanza a favor de los profesionales que como soldados rasos presentan batalla diaria a pie de calle con el que quiere evitar ser consumidor y consumido.
Una mañana cualquiera, tras una dura noche cualquiera en la que ejercí como patrona de los espirituados, suena el teléfono. Las diez. Contesto pensando que va a ser algún desaprensivo que me quiere ofrecer un trabajo. “Buenos días. ¿Doña Orosia?” (Con este nombre no hacen falta apellidos). “Sí, soy yo”. “Le llamo de … para ofrecerle …” “No estoy interesada”, digo antes de que termine la frase. “Ya, normal. No me extraña” Cling. Fin del asunto. ¿Cuánto tiempo habrá durado en su trabajo? No lo sé, pero le agradeceré el haberme demostrado que a veces hay cabezas pensantes detrás de esas voces de entonación patética.

